diciembre 12th, 2025 by Guillermo Gloria Fonseca
La imagen del Evangelio con «los niños que tienen miedo de bailar, de llorar», que tienen «miedo a todo, que piden seguridad en todo», lleva a pensar «en esos cristianos tristes que critican siempre a los predicadores de la verdad porque tienen miedo de abrirle la puerta al Espíritu Santo». De ahí la exhortación del Pontífice a rezar por ellos y a rezar también por nosotros mismos, para que «no seamos cristianos tristes», de esos que quitan «al Espíritu Santo la libertad de venir a nosotros a través del escándalo de la predicación». (…) Es escandaloso que Dios nos hable a través de hombres con limitaciones, hombres pecadores: ¡es escandaloso! Y es aún más escandaloso que Dios nos hable y nos salve a través de un hombre que dice ser el Hijo de Dios, pero termina siendo un criminal. Eso es escandaloso. (Papa Francisco, Homilía Santa Marta, 13 de diciembre de 2013)
diciembre 10th, 2025 by Guillermo Gloria Fonseca
Esta es la grandeza de Juan, un gran hombre, el último de ese grupo de creyentes que comenzó con Abraham, el que predica la conversión, el que no se anda con rodeos para condenar a los soberbios, el que al final de su vida se permite dudar. Y este es un hermoso programa para la vida cristiana. (…) Pidamos a Juan la gracia de la valentía apostólica para hablar siempre con la verdad, del amor pastoral, de acoger a las personas con lo poco que pueda dar, el primer paso. Dios dará el otro. Que el gran Juan, que es el más pequeño en el reino de los cielos, y por eso es grande, nos ayude en este camino siguiendo las huellas del Señor. (Papa Francisco, Homilía Santa Marta, 15 de diciembre de 2016)
diciembre 9th, 2025 by Guillermo Gloria Fonseca
La humanidad –todos nosotros– es la oveja descarriada en el desierto que ya no puede encontrar la senda. El Hijo de Dios no consiente que ocurra esto; no puede abandonar la humanidad a una situación tan miserable. Se alza en pie, abandona la gloria del cielo, para ir en busca de la oveja e ir tras ella, incluso hasta la cruz. La pone sobre sus hombros, carga con nuestra humanidad, nos lleva a nosotros mismos, pues Él es el buen pastor, que ofrece su vida por las ovejas. (…) La santa inquietud de Cristo ha de animar al pastor: no es indiferente para él que muchas personas vaguen por el desierto. Y hay muchas formas de desierto: el desierto de la pobreza, el desierto del hambre y de la sed; el desierto del abandono, de la soledad, del amor quebrantado. Existe también el desierto de la oscuridad de Dios, del vacío de las almas que ya no tienen conciencia de la dignidad y del rumbo del hombre. Los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han extendido los desiertos interiores. (…) La Iglesia en su conjunto, así como sus Pastores, han de ponerse en camino como Cristo para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud. (Benedetto XVI, Misa inicio pontificado del 24 de abril de 2005)