El evangelista Juan nos llama la atención sobre un detalle que no encontramos en los otros Evangelios: llorando cerca de la tumba vacía, la Magdalena no reconoció enseguida a Jesús resucitado, sino que pensó que era el custodio del jardín.  (…) Cultivar y custodiar el jardín es la tarea originaria (cfr Gen 2,15) que Jesús llevó a su término. Su última palabra en la cruz – «está cumplido» (Jn 19,30) – invita a cada uno a reencontrar la misma tarea, su tarea. Por esto, «inclinando la cabeza, entregó el espíritu» (v. 30). Queridos hermanos y hermanas, ¡María Magdalena, entonces, no se equivocó del todo, creyendo que encontraba al cuidador de la huerta! De hecho, debía volver a escuchar el propio nombre y comprender la propia tarea del Hombre nuevo, la que en otro texto de Juan dice: «hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). El Papa Francisco, con la encíclica Laudato si’, nos indicó la extrema necesidad de una mirada contemplativa: si no es cuidador del jardín, el ser humano se convierte en su devastador. La esperanza cristiana, por lo tanto, responde a los desafíos que enfrenta toda la humanidad hoy deteniéndose en el jardín donde se colocó el Crucificado como una semilla, para volver a brotar y dar mucho fruto. (León XIV – Audiencia general, 19 de noviembre de 2025)

Juan 20, 11-18

El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: «¿Por qué estás llorando, mujer?» Ella les contestó: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto».

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: «Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?» Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: «Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto». Jesús le dijo: «¡María!» Ella se volvió y exclamó: «¡Rabuní!», que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: «Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios’ «.

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.

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