¿Por qué estos doctores de la ley no comprendieron los signos de los tiempos y pidieron una señal extraordinaria? (…) En primer lugar, porque estaban cerrados. Estaban encerrados en su sistema. (…) Todos los judíos sabían lo que se podía hacer, lo que no se podía hacer. (…) No comprendían que Dios es el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo; nunca se niega a sí mismo, nunca dice que lo que había dicho estaba mal, nunca, pero siempre nos sorprende. (…) En segundo lugar, habían olvidado que eran un pueblo en camino. Y cuando uno está en camino, siempre encuentra cosas nuevas, cosas que no conocía. Y esto debería hacernos pensar: ¿estoy apegado a mis cosas, a mis ideas, cerrado? ¿O estoy abierto al Dios de las sorpresas? ¿Soy una persona estática o una persona en camino? ¿Creo en Jesucristo —en Jesús, en lo que hizo: ¿murió, resucitó y puso fin a la historia—, creo que el camino avanza hacia la madurez, hacia la manifestación de la gloria del Señor? ¿Soy capaz de comprender los signos de los tiempos y ser fiel a la voz del Señor que se manifiesta en ellos? ¿Podemos hacernos estas preguntas hoy y pedirle al Señor un corazón que ame la ley, porque la ley es de Dios; que también ame las sorpresas de Dios y sepa que esta santa ley no es un fin en sí misma? (Francisco – Homilía en Santa Marta, 13 de octubre de 2014)

Lectura del santo evangelio según san Marcos 

Marcos 8, 11-13

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los fariseos y se pusieron a discutir con él, y para ponerlo a prueba, le pedían una señal del cielo. Jesús suspiró profundamente y dijo: «¿Por qué esta gente busca una señal? Les aseguro que a esta gente no se le dará ninguna señal».

Entonces los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.

Santiago, siervo de Dios y de Jesucristo, el Señor, saluda a las doce tribus, dispersas por el mundo.

Hermanos míos: Cuando se vean asediados por toda clase de pruebas y tentaciones, ténganse por dichosos, sabiendo que las pruebas a que se ve sometida su fe les darán fortaleza, y esta fortaleza los llevará a la perfección en las buenas obras y a una vida íntegra e irreprochable.

Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios y él se la dará; porque Dios da a todos con generosidad y sin regatear. Pero tiene que pedírsela con fe y sin dudar; pues el que duda se parece a las olas del mar, que van y vienen, agitadas por el viento. Quien es inconstante e indeciso en su vida, no recibirá nada del Señor.

Que el hermano de condición humilde esté orgulloso de su alta dignidad, y el rico, de su humilde condición, pues se acabará como las flores del campo. Porque sale el sol y con su calor quema las hierbas; se caen las flores y se acaba su belleza. Así se marchitará el rico, en medio de todas sus empresas.

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