El evangelio de san Marcos, que constituye el hilo conductor (…) de este Año litúrgico, ofrece un itinerario catecumenal, que lleva al discípulo a reconocer en Jesús al Hijo de Dios. (…) el pasaje de hoy aborda el tema del ayuno: (…) pues narra que, mientras Jesús se encontraba a la mesa en casa de Leví, el publicano, los fariseos y los seguidores de Juan Bautista le preguntaron por qué sus discípulos no ayunaban como ellos. Jesús les respondió que los invitados a la boda no pueden ayunar mientras el novio está con ellos; ya ayunarán cuando se lleven al novio (cf. Mc 2, 18-20). Al decir esto, Cristo revela su identidad de Mesías, Novio de Israel, que vino para la boda con su pueblo. Los que lo reconocen y lo acogen con fe están de fiesta. Pero deberá ser rechazado y asesinado precisamente por los suyos:  en aquel momento, durante su pasión y muerte, llegará la hora del luto y del ayuno. (Benedicto XVI – Angelus, 26 de febrero de 2006)

En una ocasión en que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos ayunaban, algunos de ellos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Por qué los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, y los tuyos no?”

Jesús les contestó: “¿Cómo van a ayunar los invitados a una boda, mientras el esposo está con ellos? Mientras está con ellos el esposo, no pueden ayunar. Pero llegará el día en que el esposo les será quitado y entonces sí ayunarán.

Nadie le pone un parche de tela nueva a un vestido viejo, porque el remiendo encoge y rompe la tela vieja y se hace peor la rotura. Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino rompe los odres, se perdería el vino y se echarían a perder los odres. A vino nuevo, odres nuevos”.

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