Dios todopoderoso y eterno, que elevaste a la gloria celestial en Cuerpo y alma a la inmaculada Virgen María, Madre de tu Hijo, concédenos tender siempre hacia los Bienes eternos, para que merezcamos particular de su misma gloria. Por nuestro Señor Jesucristo , tu Hijo, que vive y reina contigo en la Ciudad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos…Amén…

Dios nuestro, que llenaste de celo por las almas y amor al prójimo al presbítero y mártir san Maximiliano María Kolbe, inflamado en amor a la Virgen Inmaculada, concede, propicio, que, por intercesión, trabajando esforzadamente por tu gloria al servicio de los hombres , podamos asemejarnos a tu hijo hasta la muerte. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos……Amén

Vemos en esta parábola dos actitudes diferentes: la de Dios, representado por el rey —que perdona tanto, porque Dios perdona siempre—, y la del hombre. En la actitud divina, la justicia está impregnada de misericordia, mientras que la actitud humana se limita a la justicia. Jesús nos exhorta a abrirnos valientemente al poder del perdón, porque no todo en la vida se resuelve con la justicia, lo sabemos. Es necesario ese amor misericordioso, que también es la base de la respuesta del Señor a la pregunta de Pedro que precede a la parábola (…) En el lenguaje simbólico de la Biblia, esto significa que estamos llamados a perdonar siempre. (Papa Francisco – Ángelus, 13 de septiembre de 2020)

Comentarios recientes
    Archivos
    Categorías

    Visitas: 3.313.857