Señor, Dios nuestro que la humildad y sencillez de san Isidro Labrador nos dejaste un ejemplo de vida oculta con Cristo en ti, concédenos que el trabajo de cada día humanice nuestro mundo y sea también una plegaría de alabanza a tu nombre …Por nuestro Señor Jesucristo…..Amén…

Dios y Padre nuestro , que nos diste a la Madre de tu Hijo como Madre nuestra , concédenos que Perseverando en la Penitencia y en la Oración en Favor de la salvación del mundo, podamos promover con mas eficacia el reinado de Cristo , Hijo tuyo y Señor nuestro . El que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos…Amén…

El pasaje evangélico de hoy nos lleva al Cenáculo donde, terminada la última Cena, los Apóstoles se sienten tristes y desconcertados. El motivo es que las palabras de Jesús suscitan interrogantes inquietantes:  habla del odio del mundo hacia él y hacia los suyos, habla de su misteriosa partida y queda todavía mucho por decir, pero por el momento los Apóstoles no pueden soportar esa carga (cf. Jn 16, 12). Para consolarlos les explica el significado de su partida:  se irá, pero volverá; mientras tanto no los abandonará, no los dejará huérfanos. Enviará al Consolador, al Espíritu del Padre, y será el Espíritu quien les dará a conocer que la obra de Cristo es obra de amor:  amor de él que se ha entregado y amor del Padre que lo ha dado. (…) el Espíritu Santo ilumina el corazón humano y, al revelar a Cristo crucificado y resucitado, indica el camino para llegar a ser más semejantes a él, o sea, ser «expresión e instrumento del amor que proviene de él» (Deus caritas est, 33). (Benedicto XVI – Homilia en la solemnidad de Pentecostés, 4 de junio de 2006)

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