¿Por qué estos doctores de la ley no comprendieron los signos de los tiempos y pidieron una señal extraordinaria? (…) En primer lugar, porque estaban cerrados. Estaban encerrados en su sistema. (…) Todos los judíos sabían lo que se podía hacer, lo que no se podía hacer. (…) No comprendían que Dios es el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo; nunca se niega a sí mismo, nunca dice que lo que había dicho estaba mal, nunca, pero siempre nos sorprende. (…) En segundo lugar, habían olvidado que eran un pueblo en camino. Y cuando uno está en camino, siempre encuentra cosas nuevas, cosas que no conocía. Y esto debería hacernos pensar: ¿estoy apegado a mis cosas, a mis ideas, cerrado? ¿O estoy abierto al Dios de las sorpresas? ¿Soy una persona estática o una persona en camino? ¿Creo en Jesucristo —en Jesús, en lo que hizo: ¿murió, resucitó y puso fin a la historia—, creo que el camino avanza hacia la madurez, hacia la manifestación de la gloria del Señor? ¿Soy capaz de comprender los signos de los tiempos y ser fiel a la voz del Señor que se manifiesta en ellos? ¿Podemos hacernos estas preguntas hoy y pedirle al Señor un corazón que ame la ley, porque la ley es de Dios; que también ame las sorpresas de Dios y sepa que esta santa ley no es un fin en sí misma? (Francisco – Homilía en Santa Marta, 13 de octubre de 2014)

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