Archivo de septiembre de 2025

Esdras 6, 7-8. 12. 14-20

En aquellos días, el rey Darío escribió a los jefes de la región del otro lado del río Eufrates: «Dejen que el gobernador y los dirigentes de los judíos reconstruyan el templo de Dios en su antiguo sitio. Estas son mis órdenes acerca del proceder de ustedes con los dirigentes de los judíos, en lo que se refiere a la reconstrucción del templo de Dios: Con los impuestos de la región del otro lado del río, destinados al rey, se les pagarán puntualmente los gastos a esos hombres, para que no se interrumpa el trabajo. Yo, Darío, he promulgado este decreto para que se cumpla a la letra».

Así los dirigentes de los judíos avanzaron con rapidez en la reconstrucción del templo, alentados por las palabras de Ageo y de Zacarías, hijo de Idó, y llevaron a cabo la reconstrucción, conforme a lo mandado por el Dios de Israel y por Ciro, Darío y Artajerjes, reyes de Persia. El templo se terminó el día tres del mes de marzo del año sexto del reinado del rey Darío.

Los israelitas –sacerdotes, levitas y todos los demás que habían vuelto de la cautividad– celebraron con júbilo la dedicación del templo de Dios. Para la dedicación del templo ofrecieron cien toros, doscientos carneros, cuatrocientos corderos, y como sacrificio por el pecado de todo Israel, doce machos cabríos, conforme al número de las tribus de Israel.

El servicio del templo de Jerusalén se encomendó a los sacerdotes, y a los levitas, según el orden que les correspondía, conforme a la ley de Moisés. Los israelitas que habían vuelto de la cautividad celebraron la Pascua el día catorce de abril. Todos los sacerdotes y los levitas se habían preparado para celebrarla y estaban puros; inmolaron, pues, la víctima pascual para todos los que habían vuelto de la cautividad, para sus hermanos los sacerdotes, y para sí mismos.

No ocultes el bien para mañana: «Ve, vuelve, te daré esto mañana» oculta con fuerza la luz. Incluso una injusticia. Otra manera —estos son consejos para no ocultar la luz— es no tramar el mal contra tu prójimo mientras convive contigo en confianza. Cuántas veces la gente confía en una persona y esta trama el mal para destruirla, mancillarla, disminuirla. (…) Y esto oculta la luz, te oscurece. (…) Envidiar el poder, ser celoso, todo esto oculta la luz. Que el Espíritu Santo, a quien todos recibimos en el Bautismo, nos ayude a no caer en estos malos hábitos que ocultan la luz, y nos ayude a llevar adelante la luz recibida gratuitamente, esa luz de Dios que tanto bien hace, la luz de la amistad, la luz de la mansedumbre, la luz de la fe, la luz de la esperanza, la luz de la paciencia, la luz de la bondad. Que el Señor nos conceda esta gracia. (Papa Francisco, Meditación Santa Marta, 19 de septiembre de 2016)

Lucas 8, 16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz. Porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.

Fíjense, pues, si están entendiendo bien, porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener».

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