Archivo de abril de 2026

«Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único». Esta es una de las palabras centrales del Evangelio. El sujeto es Dios Padre, origen de todo el misterio creador y redentor. Los verbos «amar» y «dar» indican un acto decisivo y definitivo que expresa la radicalidad con la que Dios se ha acercado al hombre en el amor, hasta la entrega total, hasta cruzar el umbral de nuestra última soledad, descendiendo al abismo de nuestro extremo abandono, superando la puerta de la muerte. El objeto y el beneficiario del amor divino es el mundo, es decir, la humanidad. Es una palabra que elimina completamente la idea de un Dios lejano y extraño al camino del hombre, y más bien desvela su verdadero rostro: él nos dio a su Hijo por amor, para que fuera el Dios cercano, para hacernos sentir su presencia, para salir a nuestro encuentro y llevarnos en su amor, de modo que toda la vida esté animada por este amor divino. El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar la vida. Dios no actúa como un amo, sino que ama sin medida. No manifiesta su omnipotencia en el castigo, sino en la misericordia y en el perdón. Comprender todo esto significa entrar en el misterio de la salvación: Jesús vino para salvar y no para condenar; con el sacrificio de la cruz revela el rostro de amor de Dios.  (Papa Benedicto XVI, Homilia, 4 de noviembre de 2010)

«Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

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