Archivo de la categoría ‘Palabras del Santo Padre’

 A través de imágenes tomadas del mundo de la agricultura, el Señor presenta el misterio de la Palabra y del reino de Dios, e indica las razones de nuestra esperanza y de nuestro compromiso. (…) La imagen de la semilla es particularmente querida por Jesús, ya que expresa bien el misterio del reino de Dios. En las dos parábolas de hoy ese misterio representa un «crecimiento» y un «contraste»: el crecimiento que se realiza gracias al dinamismo presente en la semilla misma y el contraste que existe entre la pequeñez de la semilla y la grandeza de lo que produce. El mensaje es claro: el reino de Dios, aunque requiere nuestra colaboración, es ante todo don del Señor, gracia que precede al hombre y a sus obras. Nuestra pequeña fuerza, aparentemente impotente ante los problemas del mundo, si se suma a la de Dios no teme obstáculos, porque la victoria del Señor es segura. Es el milagro del amor de Dios, que hace germinar y crecer todas las semillas de bien diseminadas en la tierra. Y la experiencia de este milagro de amor nos hace ser optimistas, a pesar de las dificultades, los sufrimientos y el mal con que nos encontramos. La semilla brota y crece, porque la hace crecer el amor de Dios.  (Benedicto XVI – Angelus, 17 de junio de 2012)

¿Con qué rasero mido a los demás? ¿Con qué rasero me mido a mí mismo? ¿Es un rasero generoso, lleno del amor de Dios, o un rasero de bajo nivel? Y con este rasero seré juzgado, no será otro: ese, precisamente el que yo hago. ¿Cuál es el nivel en el que he puesto mi listón? ¿Un nivel alto? Debemos reflexionar sobre esto. Y lo vemos no solo, no tanto en las cosas buenas o malas que hacemos, sino en nuestro estilo de vida actual. (…) Y como cristiano, me pregunto cuál es el punto de referencia, la piedra de toque para saber si estoy al nivel cristiano, al nivel que Jesús desea. Es la capacidad de humillarme, es la capacidad de sufrir humillaciones. A un cristiano que no es capaz de soportar las humillaciones de la vida le falta algo. Es un cristiano de fachada, o un cristiano egoísta. (…) «Con la medida con que midan, se les medirá», la misma medida. Si sigo un modelo cristiano, siguiendo a Jesús en su camino, seré juzgado por ese modelo, con mucha, mucha piedad, mucha compasión, mucha misericordia. Pero si mi modelo es mundano y solo uso la fe cristiana —sí, lo hago, voy a misa, pero vivo como una persona mundana— seré medido por ese modelo. (Francisco – Homilía en la Misa en Casa Santa Marta, 30 de enero de 2020)

Un sembrador, bastante original, sale a sembrar, pero no se preocupa de dónde cae la semilla. La arroja incluso donde es improbable que dé fruto: en el camino, entre las piedras, entre los espinos. Esta actitud sorprende a los oyentes y los lleva a preguntarse: ¿por qué? Estamos acostumbrados a calcular las cosas —y a veces es necesario—, ¡pero esto no vale en el amor! La forma en que este sembrador «derrochador» arroja la semilla es una imagen de la forma en que Dios nos ama. Es cierto que el destino de la semilla depende también de la forma en que la acoge el terreno y de la situación en que se encuentra, pero ante todo, con esta parábola, Jesús nos dice que Dios arroja la semilla de su palabra sobre todo tipo de terreno, es decir, en cualquier situación en la que nos encontremos: a veces somos más superficiales y distraídos, a veces nos dejamos llevar por el entusiasmo, a veces estamos agobiados por las preocupaciones de la vida, pero también hay momentos en los que estamos disponibles y acogedores. Dios confía y espera que tarde o temprano la semilla florezca. Él nos ama así: no espera a que seamos el mejor terreno, siempre nos da generosamente su palabra. Quizás precisamente al ver que Él confía en nosotros, nazca en nosotros el deseo de ser un terreno mejor. Esta es la esperanza, fundada sobre la roca de la generosidad y la misericordia de Dios.  (León XIV – Audiencia general, 21 de mayo de 2025)

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