Archivo de la categoría ‘Palabras del Santo Padre’

Pensemos en los cuatro grupos ideológicos de la época de Jesús: los fariseos, los saduceos, los esenios y los zelotes. Cuatro grupos que endurecieron sus corazones para llevar adelante un plan que no era el de Dios; no había espacio para el plan de Dios, no había espacio para la compasión. Cuando el corazón se endurece, cuando el corazón se endurece, olvida… Olvida la gracia de la salvación, olvida la gratuidad. Un corazón duro lleva a discusiones, lleva a guerras, lleva al egoísmo, lleva a la destrucción de nuestros hermanos, porque no hay compasión. Y el mayor mensaje de salvación es que Dios tuvo compasión de nosotros. Ese estribillo del Evangelio, cuando Jesús ve a una persona, una situación dolorosa: «tuvo compasión». (…) Jesús es la compasión del Padre; Jesús es la bofetada a toda dureza de corazón. Cada uno de nosotros tiene algo que se ha endurecido en su corazón. Recordemos, y que el Señor nos dé un corazón recto y sincero (…) donde mora el Señor. El Señor no puede entrar en corazones duros; el Señor no puede entrar en corazones ideológicos. El Señor solo entra en corazones que son como el suyo: corazones compasivos, corazones que tienen compasión, corazones abiertos. (Francisco – Homilía en Santa Marta, 18 de febrero de 2020)

¿Por qué estos doctores de la ley no comprendieron los signos de los tiempos y pidieron una señal extraordinaria? (…) En primer lugar, porque estaban cerrados. Estaban encerrados en su sistema. (…) Todos los judíos sabían lo que se podía hacer, lo que no se podía hacer. (…) No comprendían que Dios es el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo; nunca se niega a sí mismo, nunca dice que lo que había dicho estaba mal, nunca, pero siempre nos sorprende. (…) En segundo lugar, habían olvidado que eran un pueblo en camino. Y cuando uno está en camino, siempre encuentra cosas nuevas, cosas que no conocía. Y esto debería hacernos pensar: ¿estoy apegado a mis cosas, a mis ideas, cerrado? ¿O estoy abierto al Dios de las sorpresas? ¿Soy una persona estática o una persona en camino? ¿Creo en Jesucristo —en Jesús, en lo que hizo: ¿murió, resucitó y puso fin a la historia—, creo que el camino avanza hacia la madurez, hacia la manifestación de la gloria del Señor? ¿Soy capaz de comprender los signos de los tiempos y ser fiel a la voz del Señor que se manifiesta en ellos? ¿Podemos hacernos estas preguntas hoy y pedirle al Señor un corazón que ame la ley, porque la ley es de Dios; que también ame las sorpresas de Dios y sepa que esta santa ley no es un fin en sí misma? (Francisco – Homilía en Santa Marta, 13 de octubre de 2014)

Jesús no quiere obrar solo, vino a traer al mundo el amor de Dios y quiere difundirlo con el estilo de la comunión, con el estilo de la fraternidad. Por ello forma inmediatamente una comunidad de discípulos, que es una comunidad misionera. Inmediatamente los entrena para la misión, para ir. Pero atención: el fin no es socializar, pasar el tiempo juntos, no, la finalidad es anunciar el Reino de Dios, ¡y esto es urgente! También hoy es urgente. (…) Estos setenta y dos discípulos, que Jesús envía delante de Él, ¿quiénes son? ¿A quién representan? Si los Doce son los Apóstoles, y por lo tanto representan también a los obispos, sus sucesores, estos setenta y dos pueden representar a los demás ministros ordenados, presbíteros y diáconos; pero en sentido más amplio podemos pensar en los demás ministerios en la Iglesia, en los catequistas, los fieles laicos que se comprometen en las misiones parroquiales, en quien trabaja con los enfermos, con las diversas formas de necesidad y de marginación; pero siempre como misioneros del Evangelio, con la urgencia del Reino que está cerca. Todos deben ser misioneros, todos pueden escuchar la llamada de Jesús y seguir adelante y anunciar el Reino. (Francisco – Angelus, 7 de julio de 2013)

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