Archivo de la categoría ‘Palabras del Santo Padre’

En los evangelios sinópticos, a la confesión de san Pedro sigue siempre el anuncio por parte de Jesús de su próxima pasión. Un anuncio ante el cual Pedro reacciona, porque aún no logra comprender. Sin embargo, se trata de un elemento fundamental; por eso Jesús insiste con fuerza. En efecto, los títulos que le atribuye san Pedro —tú eres «el Cristo», «el Cristo de Dios», «el Hijo de Dios vivo»— sólo se comprenden auténticamente a la luz del misterio de su muerte y resurrección. Y es verdad también lo contrario:  el acontecimiento de la cruz sólo revela su sentido pleno si «este hombre», que sufrió y murió en la cruz, «era verdaderamente Hijo de Dios», por usar las palabras pronunciadas por el centurión ante el Crucificado (cf. Mc 15, 39). Estos textos dicen claramente que la integridad de la fe cristiana se da en la confesión de san Pedro, iluminada por la enseñanza de Jesús sobre su «camino» hacia la gloria, es decir, sobre su modo absolutamente singular de ser el Mesías y el Hijo de Dios. Un «camino» estrecho, un «modo» escandaloso para los discípulos de todos los tiempos, que inevitablemente se inclinan a pensar según los hombres y no según Dios (cf. Mt 16, 23). También hoy, como en tiempos de Jesús, no basta poseer la correcta confesión de fe:  es necesario aprender siempre de nuevo del Señor el modo propio como él es el Salvador y el camino por el que debemos seguirlo. (Papa Benedicto XVI, Homilía Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, 29 de junio de 2007)

Conocer a Jesús: debes conocerlo a través del catecismo, pero no basta con conocerlo con la mente; debes conocerlo dialogando con él, hablando con él, en oración, de rodillas. Si no rezas, si no hablas con Jesús, no lo conoces. Sabes cosas sobre Jesús, pero no tienes el conocimiento que tu corazón te da en la oración. Conocer a Jesús con la mente, estudiando el catecismo, conocerlo con el corazón, en oración, dialogando con él. Esto nos ayuda mucho, pero no basta. Hay una tercera manera de conocer a Jesús: seguirlo, ir con él, caminar con él. No puedes conocer a Jesús sin conectar con él, sin arriesgar tu vida por él. Cuando tanta gente, incluyéndonos a nosotros, se pregunta: «Pero ¿quién es este hombre?», la Palabra de Dios nos responde: «¿Queréis saber quién es este hombre? Leed lo que la Iglesia os dice de él, hablad con él en oración y recorremos su camino con él. Así sabréis quién es este hombre». (Papa Francisco, Meditación Santa Marta, 26 de septiembre de 2013)

El Evangelio de hoy narra el momento en el que Jesús envía a los Doce en misión. (…) Son una especie de «prácticas» de lo que serán llamados a hacer después de la Resurrección del Señor con el poder del Espíritu Santo. (…) El discípulo misionero tiene antes que nada su centro de referencia, que es la persona de Jesús. (…) así que el ir y el obrar de los Doce aparece como el irradiarse desde un centro, el reponerse de la presencia y de la obra de Jesús en su acción misionera. Esto manifiesta cómo los apóstoles no tienen nada propio que anunciar, ni propias capacidades que demostrar, sino que hablan y actúan como «enviados», como mensajeros de Jesús. (Papa Francisco, Ángelus, 15 de julio de 2018)

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