Archivo de la categoría ‘Palabras del Santo Padre’

En síntesis, la historia del cristianismo hubiera tenido un desarrollo muy diferente si no se hubiera contado con la aportación generosa de muchas mujeres. Por eso, como escribió mi venerado y querido predecesor Juan Pablo II en la carta apostólica Mulieris dignitatem, «la Iglesia da gracias por todas las mujeres y por cada una. (…) La Iglesia expresa su agradecimiento por todas las manifestaciones del «genio» femenino aparecidas a lo largo de la historia, en medio de los pueblos y de las naciones; da gracias por todos los carismas que el Espíritu Santo otorga a las mujeres en la historia del pueblo de Dios, por todas las victorias que debe a su fe, esperanza y caridad; manifiesta su gratitud por todos los frutos de santidad femenina» Como se ve, el elogio se refiere a las mujeres en el transcurso de la historia de la Iglesia y se expresa en nombre de toda la comunidad eclesial. También nosotros nos unimos a este aprecio, dando gracias al Señor porque él guía a su Iglesia, de generación en generación, sirviéndose indistintamente de hombres y mujeres, que saben hacer fructificar su fe y su bautismo para el bien de todo el Cuerpo eclesial, para mayor gloria de Dios. (Benedicto XVI – Audiencia general, 14 de febrero de 2007)

A Simón, refiriéndose a la mujer pecadora, Jesús le dice: «¡Sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho!»; y a la mujer: «¡Tu fe te ha salvado; vete en paz!». Jesús afirma con autoridad divina el perdón de los pecados. Exige al mismo tiempo arrepentimiento y un cambio de vida. Queridos, mantengamos siempre viva en nosotros la confianza en la bondad y la misericordia de Dios. No hay pecado que Dios no quiera perdonar, cuando uno está arrepentido y decidido a no pecar más. El arrepentimiento de María Magdalena y la parábola que Jesús contó a Simón son muy significativos en este sentido. La condena del mal debe ser ciertamente decisiva, pero se requiere comprensión y paciencia con quienes pecan. La liturgia nos invita, pues, a ser mensajeros de verdad y misericordia, de perdón y alegría. (San Juan Pablo II – Misa en la Gruta de Lourdes en los Jardines Vaticanos, 18 de junio de 1995) (San Juan Pablo II – Misa en la Gruta de Lourdes de los Jardines Vaticanos, 18 de junio de 1995)

Es precisamente la clase dirigente la que cierra las puertas al modo como Jesús quiere salvarnos. En este sentido, «se comprenden los diálogos fuertes de Jesús con la clase dirigente de su tiempo: discuten con él, lo ponen a prueba, tratan de hacerlo caer en una trampa», porque en ellos hay precisamente «una resistencia a ser salvados». Jesús les dice: «No os entiendo. Sois como esos niños: os hemos tocado la flauta y no habéis bailado, os hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado. ¿Qué queréis?». La respuesta sigue siendo: «Queremos la salvación a nuestro modo». Por tanto, vuelve «siempre esta cerrazón» ante el modo de obrar de Dios. (…)  es «un drama» que «también cada uno de nosotros tiene dentro». Por eso sugirió algunas preguntas con vistas a un examen de conciencia: «¿Cómo quiero yo ser salvado? ¿A mi modo? ¿Al modo de una espiritualidad que es buena, que me hace bien, pero que está fija, tiene todo claro y no hay riesgo? ¿O al modo divino, es decir, siguiendo el camino de Jesús, que siempre nos sorprende, que siempre nos abre las puertas al misterio de la omnipotencia de Dios, que es la misericordia y el perdón?». (Papa Francisco –Homilías Santa Marta, 3 de octubre de 2014)

Comentarios recientes
    Categorías